UN POCO DE HISTORIA

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Esta celebración del día del cine es especial. Especial no solo por las circunstancias que nos ha tocado vivir, sino por el empuje que ha demostrado el rubro audiovisual en la región de Valparaíso, con una alta tasa de producciones provenientes de esfuerzos personales, pequeñas y medianas productoras y estudiantes de cine con el apoyo de sus respectivas carreras.

Valparaíso, durante años, fue considerada la cuna del cine chileno, pues se desconocía que las primeras filmaciones fueron hechas en Iquique. Pero de manera independiente a ese dato fundacional de nuestra cinematografía, el puerto concentró un alto índice de producciones nacionales y extranjeras, que colmaron desde 1902 las pantallas locales. 

El ejercicio general de bomberos (1902), Un paseo  a Playa Ancha (1903), Los funerales del presidente Montt (1911) son solo algunos ejemplos de lo que se filmó. A lo menos cuatro productoras cinematográficas funcionaban durante la década del 10, y no hay que olvidar que el primer largometraje argumental también fue realizado en estas tierras en 1916.

Durante 1916 y 1926 se filmaron 14 películas argumentales, además de documentales. Casi todo se encuentra extraviado.

En 1938 se filma la segunda película sonora hecha en Chile rodada en Valparaíso, Viña del Mar, Villa Alemana y Los Andes. Ella es El hechizo del trigal. Nuevamente el puerto se destaca por este segundo hecho importante. Y es por este cúmulo de motivos que la presente celebración tiene como base la defensa de una tradición histórica. 

Valparaíso es una ciudad cinematográfica. Diversas escuelas de audiovisual confluyen en la formación de futuros cineastas, y consideramos necesario presentarlos y darlos a conocer a través de este evento, como una suerte de continuidad. 

Ellos son los herederos de Salvador Giambastiani, Eugenio de Liguoro, de la Andes Film, Aldo Francia y de todos los insignes nombres que ayudaron a la creación de una pequeña industria de la cual quedan pocos vestigios.

En la segunda mitad de la década del 60 funcionaba en la sede de la Universidad de Chile (que después se dividiría en la Universidad de Valparaíso y Playa Ancha) una escuela de cine, que dio como resultado un cine club, un festival, algunos cortometrajes y dos espléndidas películas como Valparaíso mi amor y Ya no basta con rezar.

Hacia el año 2003 aparecen simultáneamente dos escuelas de cine, aquella perteneciente a la Universidad del Mar y la otra a la Universidad de Valparaíso. Ellas se suman a la carrera de Comunicación Audiovisual, perteneciente a Duoc UC, que ya estaba en funcionamiento hacia 1997 y a la impartida por la Universidad Santo Tomás.

Como podemos ver, la cantidad de obras producidas por alumnos y productoras locales ha sido significativa estos últimos 10 años. Y a pesar de que algunas de ellas se hayan mostrado en festivales, o incluso participado en competencias profesionales, hemos considerado necesario reunir algunos títulos para repasar lo que ha sido esta circunstancia insólita en nuestro país.

El criterio de selección para esta muestra considera cortometrajes argumentales y documentales, series documentales y de ficción, largometrajes documentales y argumentales, animación y documentales autobiográficos.

En ellos podremos encontrar diversas miradas de estos jóvenes realizadores quienes andan en busca de su identidad no binaria, de su destino, registrando situaciones que van desde la denuncia de situaciones sociales hasta la intimidad de un artista del travestismo que, a su vez, cuida a enfermos en una casa de acogida. También están presentes la preocupación por las enfermedades mentales y la construcción de la identidad arquitectónica del puerto.

Estudiantes y profesionales que han emprendido sus proyectos con la misión de comunicar, de hacer común algo a alguien, y quienes se encontrarán en conversatorios donde podremos conocer cuáles son sus experiencias, influencias y expectativas, porque el cine y el audiovisual son las herramientas a través de las cuales podemos reflejarnos y provocar cambios.

Es en el conocimiento del otro y del ejercicio de la tolerancia donde afloran las perspectivas y se vislumbra el futuro. El cine chileno no siempre ha sido honesto consigo mismo ni ha retratado la realidad del país. Muchas películas han caído en la tentación de asimilarse a productos foráneos, y siempre se ha dicho que los cineastas nacionales son mejores documentalistas que realizadores de ficción.

Cómo queremos que ello cambie. Cómo desearíamos que se hiciera un cine sincero y no de espaldas a las problemáticas que nos aquejan. Pues bien, instancias como esta permitirán ir retroalimentando a cada uno de los participantes y a los espectadores para dejar de lado la mera intuición y entrar de lleno en la búsqueda certera de una expresión sensible que nos identifique como sociedad.

Estos últimos diez años han traído cambios significativos, y algunas de las películas que tratan sobre esos cambios a veces no llegan al gran público ni a los estrenos comerciales. Pues bien, esta es la instancia para conocer ese otro cine chileno, creado desde el puerto para promover una ilusión que necesita concretarse.

Jaime Córdova

PERSPECTIVA DE 10 AÑOS EN LA REGIÓN

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Hacer un panorama de diez años de producción audiovisual trae consigo una serie de desafíos acerca de cómo clasificar y seleccionar obras, pero en este caso existe una relevante y seductora obstrucción consistente en la puesta en valor de una filmografía local, la cual puede traer consigo algunas señales que no habíamos reconocido anteriormente. 

Entre 2011 y 2021 ha habido un importante desarrollo del cine nacional, y en nuestra región es pertinente mencionar la existencia de espacios, lugares y algunos circuitos valiosos como 7 Festivales de Cine, 2 salas de cine independientes, 3 escuelas de cine y audiovisual, además de productoras, variados servicios profesionales y un constante uso de locaciones. Pero podemos comenzar exponiendo que la región ha sido observada, documentada y puesta en perspectiva crítica por realizadoras y realizadores con distintos intereses, búsquedas y lenguajes. 

 

Un primer grupo de obras gira en torno al cortometraje documental de escuelas de cine, destacando un interés por el rescate y memoria, así como una profunda mirada crítica. En este sentido observar el territorio demanda estar atento o expresarse ante hitos o tragedias, como por ejemplo que, a raíz del gigantesco incendio del 2014, aparece el cortometraje “La vorágine” dirigido por Cristóbal Sánchez de la Universidad de Valparaíso. Basurales, periferia y total carencia son las expresiones de un modelo que ocupa la ciudad como mecanismo de exclusión determinando la existencia de personas de primera y segunda categoría donde no todos merecen vivir con dignidad. “Chile en 8 milímetros” dirigido por Carola Manzo de Universidad Viña del Mar rescata la esencial memoria local del cine club de Viña que fue la cuna para cine arte y el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar. “Bajo el azul” dirigido por Juan José Barros de Duoc Uc observa con una respetuosa mirada como Gastón convive con Vanessa al cuidado de una persona mayor, habitando en la fragilidad.

 

Un segundo grupo corresponde a cortometrajes de ficción de escuelas de cine los cuales comparten el desafío de trabajar con actores y actrices profesionales y abordar el realismo desde lenguajes muy distintos. “La corteza” dirigido por Luciana Pinilla de la Universidad de Valparaíso, construye un universo con espacio y tiempo no definidos, entre onírico y alegórico y con una arriesgada puesta en escena mujeres de tres generaciones distintas se rebelarán ante un modelo, un sistema opresor. “Bajo la sombra de los cóndores” dirigido por Mar Rodríguez de Duoc Uc conecta códigos de género thriller con la violencia y horrores de la dictadura en Chile. Se destaca una cuidada dirección de fotografía que acentúa la sensación de intranquilidad cuando la impunidad camina por las calles. “Legado” dirigido por Normann Toledo de la Universidad de Viña del Mar aborda desde una expresión realista la relación de una familia profundamente herida tras una gran perdida. Describir el dolor a través de saltos narrativos destacan a esta obra. 

 

Existe un grupo de obras en la línea experimental y nuevos medios de escuelas de cine, donde se evidencia una profunda necesidad de realizar y expresar búsquedas personales en torno a sí mismos como hacia el mundo donde habitan. Lo más llamativo de este grupo es que el uso de diferentes recursos está al servicio de obras que siempre evidencian una perspectiva crítica en una relación oscilante hacia o desde el documental. Tres trabajos que incorporan diversos recursos visuales y sonoros como la participación de la pantalla, voz en off junto a textos como es el caso de “Realidad virtual” de Gloria y Almendra de la Universidad de Valparaíso. En este trabajo las realizadoras simulan una pantalla a la cual entramos a un universo virtual de consumo, donde el placer es hoy una mercancía y que es más real de lo aparente. Asistimos con una supuesta comodidad de vouyeur, pero las imágenes operan en su abundancia a perder toda sensibilidad y conexión ante la esclavitud de las pantallas. 

Sin duda que la autorrepresentación es un espacio hoy tomado por la perspectiva de género y la exploración de identidades, ya que los mecanismos tradicionales de representación se encargan de encasillar y codificar expresiones que buscan por el contrario encontrar un lenguaje que permita moverse con libertad entre el ensayo, la exploración y el rechazo a la cultura binaria. Tal es caso de “Nos seguimos cuidando” de Noah Mancilla Leporati (Universidad de Viña del Mar) en que es la misma directora quien se interroga, plantea preguntas, y comparte procesos íntimos. Por otro lado, aparece la mirada documental en tanto perspectiva o toma de distancia para observar la ciudad y su percepción en ¿Qué pasa si esto no existe? de Pamela Riquelme Orihuela (Duoc Uc). Los tres trabajos a través de lo que ha denominado nuevas subjetividades tratan sobre la explotación de las im´p

 

La selección abarca también a otro conjunto de obras de realizaciones de largometrajes de ficción y documental producidas en la última década. Como es natural, realizar y estrenar estas obras significó desarrollar y probar modelos para un cine totalmente independiente hace 10 años.

Un grupo de tres largometrajes de ficción partiendo por “Valparadaise” dirigido por Juan Cortes que combina escenas callejeras, canto en las micros, corridas por las calles de personajes que intentan sobrevivir, sin olvidar un tono de comedia negra. “Mejor no fumes” dirigido por Daniel Peralta, película a modo de cine de garage explora el tiempo cotidiano, las divagaciones y una manera de apreciar y disfrutar la soledad buscada. “Pena de muerte” dirigido por Tevo Díaz que relata un episodio macabro que cuenta aun con una serie de recovecos sin explicación a comienzos de la década de los ochenta en Viña del Mar. Con un atractivo dispositivo combina la ficción, la recreación, el testimonio y el documental. 

Luego un grupo de largometrajes documentales desarrollados en la región partiendo por “Población Márquez” dirigido por el arquitecto y cineasta Rodrigo Cepeda, es una celebración al habitar en una profunda quebrada en Valparaíso, donde la propuesta la arquitectura moderna resiste dignamente al tiempo, la geografía de su emplazamiento y con una soberbia concepción del espacio individual y colectiva.

“Contrapostal” dirigido por Juan Luis Tamayo es parte de la serie Nada simple/todo simple de la productora de reojo, donde se vinculan el arte urbano, la saturación del grafitti y la ciudad de Valparaíso como un alucinante y al mismo tiempo frágil soporte para estas expresiones.

“Álvaro: Rockstars don’t wet the bed” dirigido por Jorge Catoni, muestra el viaje de idas y vueltas de Álvaro Peña como un antihéroe, que conoció el real punk londinenses y sabe en carne, cuerpo y alma lo que significa la palabra independiente. Documental que nos regala además imágenes en video de un triste Valparaíso noventero. 

Culmina la selección quizás con lo más nuevo entre los formatos tradicionales y que quizás abra posibilidades que hace 10 años atrás eran impensadas. Tres series realizadas por productoras de la región para web con un notable desarrollo de contenidos y lenguajes.  En primer lugar “Valparaíso inamible” Web Serie Documental dirigida por Juan Luis Tamayo de Dereojo producciones con un tono ácido y crítico de Valparaíso como patrimonio. “Taller de video” Serie Ficción dirigido por Juan Cortés y “Habitantes del pacífico” Serie Documental dirigido por Guillermo Ribbeck.

Claudio Pereira